Bé de Barcelona, Do de Domingo.

“Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única.”

Don Quijote de la Mancha

 

De Barcelona me gusta la simetría de sus calles, la luz de las 6 de la mañana, el verde traslúcido de la primavera en los árboles. Me gusta que el sol le robe horas a la noche en el verano, tener la playa a 20 minutos, poder llegar a cualquier sitio caminando. Me gusta el acento catalán de las eles, las copas improvisadas por las tardes, el olor a ajo al medio día, la claridad de los domingos.

En mis domingos se interrumpe el ritual de lo habitual, la acostumbrada agitación de la ciudad se apacigua, la vida se concentra en el salón de casa y las voces habladas o cantadas escapan por los balcones. Para mí son los días de despertarse tarde sin la tortura taquicárdica de una melodía alarmante que te recuerda que no siempre eres dueña de tu tiempo. Son los días de dejar la cama con suavidad, lentamente, sin actividades previstas ni horarios impuestos; de despertar con el olor del café de los vecinos rozando el olfato y después preparar el propio para desayunar en cámara lenta, casi en trance, con la sensación de que las horas ruedan despacio entre tus ojos y el lugar que miras a través de la ventana.

Barcelona odia la somnolencia mortal de los días idénticos. Es la ciudad que siempre vibra, que nunca duerme, que de noche se ilumina más que por el día con la fluorescencia de la gente que la habita. Gente diversa, local o extranjera. Gente adoptada por la ciudad, seducida por sus días de sol y por la amistad que se establece en los bares, esas regiones bulliciosas donde reina una sed continua. La amistad es el mejor complemento por que el motor de la vida es el vínculo, todo se comparte, nada se basta a sí mismo.

Los domingos compartidos con los amigos transcurren mórbidos, hinchados con música y experimentos gastronómicos excesivos. El dies Dominicus  adquiere un temperamento alegre y vivaz que se cuela por las calles estrechas de la Ciutat Vella, salpica las plazas de Gracia, se mezcla con rayos de sol en los parques o en la Barceloneta. Es el día de la calma, después de poner al límite el cuerpo durante las noches desbordadas del fin de semana. Noches en las que la música hace compañía al tiempo, evoca instantes irrepetibles, es escultora de imágenes y de recuerdos.

En mis domingos, a veces los acordes se reproducen con una afinación burbujeante producto de la turbación de los sentidos, de la euforia compartida, del espasmo generado por la risa. La risa: un balbuceo lúdico, instintivo, contagioso y de control involuntario, que rara vez se produce en soledad.

 

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Fabiola Eme, nació el último verano de los setentas, estudió Mercadotecnia, hizo un master en Dirección de empresas y otro en Cooperación Internacional, ambos en Barcelona. Dejó por primera vez su natal y caótica Ciudad de México para estudiar Lengua y Cultura Italiana en el país del limoncello. Ha vivido también en Inglaterra y actualmente reside en la Capital Catalana. Melómana y aficionada al viaje y al arte. Ha publicado en revistas de México y España. Obtuvo el primer lugar con un relato de viajes para la revista Altaïr (España) y otro primer puesto para un concurso organizado por la revista Antídoto (México).

Redacción

Revista cultural mexbcn. Es una revista cultural y de actualidad, una plataforma democrática e incluyente, que promueve la reflexión y el pensamiento crítico de la cultura mexicana en Cataluña.

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