La realidad en pantalla grande

Texto escrito por Pablo Ramírez

Al recibir el Óscar a mejor cortometraje documental por A Girl in the River – The Price of Forgiveness, Sharmeen Obaid Chinoy enfatizó que el poder del cine radica en cambiar el estado de cosas cuando éste es injusto; dijo esto, ya que después de ver el documental el Primer Ministro Pakistaní decidió impulsar un cambio en la legislación relativa a los crímenes de honor, sufridos primordialmente por mujeres que hubieran deshonrado a su familia. Yo diría que es el poder del arte en general, así como del periodismo, fuentes de las que se nutre el cine documental.

Pero no sólo el cine documental, ya que es de llamar la atención que en la entrega número 88 de los Óscares muchas de las películas contendientes en diferentes categorías están basadas en hechos reales; es el caso de Joy, El renacido, La chica danesa, pero de forma sobresaliente Spotlight de Tom MacCarthy y La gran apuesta de Adam McKay. En mi opinión, estas dos cintas son las más distinguidas de todas las que compitieron y fueron premiadas, puesto que abordan dos temas relevantes de la actualidad y que, al hacerlo, nos ayudan a entender mejor el mundo en que vivimos, los grandes choques culturales que sufrieron las sociedades occidentales en la primera década de este siglo.

No por nada, ambas películas ganaron las categorías a mejor guión, Spotlight por original y La gran apuesta por adaptado (con todo y que el libro en que está  basado es de no ficción, es todavía más mérito lograr traducir su contenido al lenguaje narrativo). Es curioso, ahora que lo pienso, que cuando llega la época de los Óscar, a la gente en general no le interesan demasiado las categorías de guión, aun cuando primordialmente vamos al cine a ver una historia y nuestro juicio sobre su mérito se forma en función de qué tan buena es la trama. Sin embargo, las pláticas se concentran en las actuaciones, la dirección, la fotografía y en la categoría de mejor película. Pero se le pone poca atención al fundamento mismo de todo film, sin guión no hay nada, sin escritores no hay película, pues es el cimiento sobre el que se construye todo lo demás. El renacido, con todo y su gran fotografía, su gran dirección y la tan cacareada dificultad técnica y demanda física y psicológica para su realización, no ganó el premio mayor de la noche, pues su guión ni siquiera estuvo nominado.

Pero volvamos a Spotlight y La gran apuesta: la primera trata sobre la investigación periodística realizada por el Boston Globe a principios de los 2000, respecto del abuso a menores por parte de sacerdotes de dicha ciudad, así como su encubrimiento por la jerarquía católica en Boston y, presumiblemente, desde el Vaticano. Después de un trabajo periodístico realizado a la antigua, es decir, cuando el internet no era una herramienta tan preponderante como hoy, se logran documentar montones de casos de abuso infantil. La tensión narrativa se logra a través del esquema tradicional de poner obstáculos en el curso de la investigación, obstáculos que provienen desde los interesados en ocultar los hechos, es decir, la Iglesia católica y muchos feligreses que se niegan a creer que los sacerdotes puedan ser capaces de tal horror. El tono es sobrio y mesurado, pues lo que menos quiere McCarthy es alimentar el morbo propio de toda situación con implicaciones sexuales.

Sin embargo, lo que logra la hondura dramática de la cinta son los testimonios de las víctimas del abuso ya que son adultos. Se denominan a sí mismos como supervivientes, puesto que muchas de las víctimas terminan suicidándose. El guión se apunta un tanto al no caer en el recurso fácil de explicitar las violaciones, al menos no de forma abusiva, pues no hay flashbacks al momento de los toqueteos y vejaciones, además de que están manejados con sutileza los relatos de los sobrevivientes. Creo que es mucho más perturbador ver en escena a personas con personalidades rotas, inseguras, con manías y tics incluso físicos y con una sed de justicia que raya en la venganza, la cual los hace colaborar con abogados y periodistas para destapar el escándalo, incluso teniendo que enfrentarse conscientemente a sus recuerdos y traumas.

Por su parte, La gran apuesta se sumerge en la crisis financiera de 2008 en Estados Unidos, indagando en las causas y efectos de que la burbuja inmobiliaria se haya tronado llevándose consigo al carajo a la economía mundial. Para ello, recurre a una estructura mucho menos convencional, sustentada en un ritmo acelerado, una edición caleidoscópica y una fragmentación del protagonismo, no hay un personaje central de la trama, sino cuatro o cinco polos que generan el equilibrio de fuerzas. Una nota relevante de la cinta son los diálogos: ágiles, rápidos, llenos de ironía y humor negro, pero sobre todo incomprensibles para quienes no conocemos la jerga financiera. Afortunadamente para los ignorantes, ahí están Selena Gómez, Anthony Bourdain y Margot Robbie para explicarnos, con peras y manzanas, algunos de los elementos fundamentales que le dieron al traste al mercado inmobiliario; esos cameos de celebridades son un ejemplo claro de licencias narrativas innovadoras, que rompen con los esquemas tradicionales, bien implementados y que, lejos de generar ruido innecesario, le dan textura al relato.

El gran mérito de La gran apuesta es que no es necesario entender qué es uno u otro esquema financiero o clase de bono o calificación de riesgo, para al final entender que una mafia de corredores financieros, calificadoras, bancos y otros agentes de Wall Street, se dedicaron a conceder créditos hipotecarios a cualquiera, sin verificar su solvencia y sin hacer un apropiado análisis de riesgo, con tal de obtener una comisión por la colocación de los recursos y hacerlos circular. Y para entender que hubo unos cuantos que no se dejaron arrastrar por la vorágine inmobiliaria, y se dieron cuenta que llegaría un momento que la situación de ese sector sería insostenible; estos buenos observadores decidieron, sin embargo, apostarle al colapso y no sólo esperarlo, sino detonarlo. La cinta funciona porque, para abordar un tema tan global y técnico, el enfoque desciende a personas concretas y sus dilemas particulares, además de un tono sarcástico y humorístico que te predisponen a un mejor entendimiento, así sea a costa de más de una risa de indignación.

Ambas cintas atacan directamente a dos instituciones poderosas del establishment que, de una u otra manera, rigen, condicionan o al menos influyen la vida de muchísimas personas en el mundo: la Iglesia católica y Wall Street. Una a través de la fe y el miedo, la otra a través del dinero y el miedo. Son historias tan potentes que no requirieron de ningún despliegue de pirotecnia cinematográfica, bastó con poner todos los recursos en función de la trama para contarla bien contada; pero no sólo de manera eficaz y solvente, sino con profundidad dramática y con una serie de cuestionamientos éticos y morales.

La línea obvia por la que se abordan los temas es la de la denuncia: a la corrupción de las instituciones, de la colusión entre personas concretas, con nombre y apellido, que conocieron, permitieron y además escondieron el abuso infantil y la colocación de hipotecas basura. En función de un interés personal, económico y político, pasaron por alto el daño potencial y presente que podría causarse, y se causó, a terceros concretos, como a los niños abusados y a un montón de gente que se perdió su casa y su trabajo.

Sin embargo, el planteamiento del problema no se queda en la mera denuncia; también hay una especie de autocrítica a quienes no fueron responsables directos, pero que algo tienen de culpa. En Spotlight vemos a los abogados que aceptan llevar las negociaciones con las víctimas a efecto de silenciarlos a cambio de dinero; pero no sólo ello, sino que se plantea la posibilidad de que alguien desde dentro del Boston Globe quiso entorpecer las investigaciones periodísticas, al esconder o no distribuir material que, tiempo atrás, les hicieron llegar los sobrevivientes e incluso los abogados que luego gestionaron los acuerdos con aquellos.

En el caso de La gran apuesta esa autocrítica es todavía más directa: los outsiders que detectaron la pronta explosión de la burbuja no hicieron nada para detenerlo, sino todo lo contrario, la pincharon y se beneficiaron de ello. El personaje de Brad Pitt lo señala de manera explícita: si tienen razón en su predicción y, por tanto, ganan su apuesta, millones de personas se irían a la ruina, como eventualmente sucedió. Por su parte, al personaje de Steve Carell lo vemos bastante abatido al final de la película, por haber acertado en su pronóstico.

La hipótesis de ambas cintas es que ante eventos tan dramáticos y devastadores, la culpa no sólo se concentra en unos cuantos, sino que se extiende a todos aquellos que por omisión y con pleno conocimiento, dejaron que sucedieran las tragedias. La otra hipótesis es que por ambiciones personales, quienes están en posiciones de poder y decisión pueden dejar pasar abusos y perjuicios a terceros, en lo individual y en lo colectivo, negándose a entender que la mejor manera de que una institución sea poderosa es que tenga credibilidad y que, para ello, es necesario eliminar y expurgar de forma pública a sus elementos nocivos.

La gran moraleja es que personas individuales, con tenacidad, inteligencia y audacia pueden derrotar o, al menos, evidenciar al sistema. Hoy sabemos lo que ocurrió en Wall Street en el 2008 y lo que ha sucedido en muchas parroquias católicas durante muchos años, lo cual en sí mismo es un revés para el establishment y una victoria de la verdad. ¿Algo ha cambiado? Sinceramente quien sabe, pues el abuso infantil de parte de sacerdotes no se ha erradicado; de igual manera, según el texto al final de La gran apuesta, hoy en día se siguen colocando instrumentos tóxicos en los mercados financieros. Pero siempre es mejor saber que no saber, al menos ahora el ciudadano común tiene conocimiento de que tales cosas suceden, lo cual es el primer paso para que las leyes y los gobiernos se interesen por castigar a los pederastas religiosos y por regular los mercados financieros, situaciones que hasta hace poco parecían remotas (por lejanas, no por excesivamente pachecas).

Redacción

Revista cultural mexbcn. Es una revista cultural y de actualidad, una plataforma democrática e incluyente, que promueve la reflexión y el pensamiento crítico de la cultura mexicana en Cataluña.

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1 Comment

  1. Maria isabel atehortua dice:

    Ale….por casualidad me encontre con tu articulo….ud. siempre tan talentosa! Un abrazo!

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